jueves, 5 de julio de 2012



Dos enfoques y una misma mirada sobre “Z32”

El común de la gente tiende a pensar en los documentales como estéticamente simples cuando en realidad hay ejemplos acabados de todo lo contrario. Este es el caso del documental “Z32” del realizador Avid Mograbi, que no solo decidió filmar los dilemas éticos y estéticos que le genera el nudo de la película sino que decide exponerlos de una manera extraordinaria. 

Cabe aclarar que el título del documental “Z32” alude al número de legajo personal de uno de los tantos ex soldados israelíes, el del protagonista del filme, en el que consta la lista de los crímenes de guerra por él cometidos.

No se conoce el nombre del soldado ni su rostro porque Mograbi realiza una intervención digital sobre la cara del protagonista y la de su novia, que también aparece en el filme, configurando sobre sus caras sendas máscaras digitales. Si bien de la película surge que se hicieron por un pedido expreso del joven, Mograbi contó, en una entrevista que le hicieron en el 2008, que con esta técnica trabajó la idea de enmascaramiento y desenmascaramiento. Las máscaras van mutando, comenzando con una muy artificial hasta  adoptar un rostro humano coincidiendo con las situaciones del personaje. 

La película de Mograbi se estructura en tres espacios definidos donde los hechos son analizados desde distintos puntos de vista. Estos espacios se muestran fragmentados, intercalados y en algunas ocasiones, por el uso del montaje de imagen y sonido, sobreimpresos, lo cual subraya los dilemas y reflexiones del realizador. 

Uno de los espacios se trata del living de la casa del director, donde él aparece mirando a cámara exponiendo lo que ocurre en la película, en todas estas imágenes Mograbi se muestra cantando, a veces acompañado por un pianista, otras por toda una orquesta.  

En estas canciones se pregunta por qué filmar a un asesino, qué actitud tomar frente a esto como director y los pensamientos que le genera este hecho en sí mismo. 

Sobre estas secuencias, Mograbi refirió, en un reportaje, que la puesta en escena la pensó de un modo brechtiano, como solución para hacer comentarios sobre la película y para dar cuenta de que no era un acto político sino que se trataba de un hecho artístico. 

Por otro lado, en ese mismo living aparece el soldado Z32, también frente a cámara, el director fuera de campo, que en entrevista cuenta los acontecimientos, entre ellos su pertenencia a la tropa de elite israelí, de cómo fue entrenado, de la clasificación del enemigo: fuego real es cualquier niño palestino de 5 años que tenga una piedra. 

El relato del soldado Z32 es monocorde, frío cuando relata lo que pasó: como mató a palestinos desarmados por venganza, quién se lo ordenó, la adrenalina que sintió. A una pregunta del director, refirió que se visualizaba como un robot y desde una vista aérea. Si bien argumentó encontrarse indiferente y negado emocionalmente, se reconoce autor de crímenes de guerra y con temor de que lo reconozcan y lo quieran matar.

El segundo espacio es la carretera, cuando el director junto al ex soldado buscan el lugar donde mató a dos personas palestinas, Mograbi casi no aparece, la cámara sigue al joven quien relata su sorpresa y los sentimientos encontrados que le produce el hallazgo del territorio.

Esta escena ocurre en tiempo presente, muestra dónde fue el ataque y los lugares que recorrieron, en un momento lo vemos conmocionado, dice que su cuerpo le pide ser él mismo, sin máscaras.

La tercer locación es la filmación casera que realiza el ex soldado en su casa junto a su novia. La cámara está fija en un trípode, encendida y sola, principalmente se ubica en el living. 

En estas escenas, el joven relata nuevamente la forma de trabajar del ejército, lo que sintió en ese momento de la operación cuanto mataron a los palestinos y lo que le pasa ahora con estos hechos , le pide a ella que se ponga en su lugar y lo perdone.  

La novia, en estas escenas, no logra ponerse en su lugar, por el contrario lo cuestiona y lo pone en evidencia, produciéndose largos silencios hasta llegar a la última escena en que ella pide apagar la cámara, finalizando el filme. 


En estas secuencias, se producen situaciones de gran intensidad dramática porque quien lo cuestiona inflexiblemente es al mismo tiempo su novia, sentimientos encontrados que nos perturban e interrogan como espectadores sobre qué actitud tomar frente a los hechos que narra el protagonista.


Por todo ello considero que este documental es político en el sentido de que el artista toma una posición frente al horror, pero no como un mero observador sino a través de una profunda mirada sobre los hechos. 

En ese sentido es interesante conocer la postura de su director, que se ha declarado  pacifista y en contra de toda creación o mantenimiento de ejércitos en el mundo porque considera que cometen asesinatos como el que narra la película.

En esa dirección, pienso que esta película nos pregunta sobre lo que nos pasa como especie humana para tomar conciencia de las masacres que se producen en el mundo. Este tema es el que aborda el académico y Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Eugenio Raúl Zaffaroni  en su libro “La palabra de los muertos, Conferencias de Criminología Cautelar”.   

Masacre por goteo de muertes y la palabra de los muertos


Zaffaroni crea una nueva definición criminológica de masacre,  es una masacre cuando en un país o región ocurren homicidios múltiples que resultan ser una práctica política sistemática y distingue dos tipos, la masacre súbita (ataque nuclear) o por goteo (accionar de grupos de exterminio). Pero excluye las situaciones reales de guerra, siempre que impliquen fuerzas más o menos simétricas. 

Señala como masacres producidas en el mundo: el holocausto de judíos, más gitanos y homosexuales, el caso de Bosnia (limpieza étnica, violaciones en masa y masacre), los armenios, los tutsie en Ruanda, las dictaduras latinoamericanas, las muertes civiles en una guerra (denominadas daños colaterales) cuya proporción de muertes es de 4 civiles a un militar, las cárceles clandestinas norteamericanas, Guantánamo, las ejecuciones de adolescentes en el conurbano,  entre otras.

Lo interesante de su libro es que se dedica a analizar por qué se producen las masacres a lo largo de la historia de la humanidad y sostiene, entre otras ideas, que hay toda una situación previa para que se desate el poder punitivo de esta manera, como por ejemplo menciona que debe existir un discurso ideológico previo, al que denomina criminología mediática: que consiste en un discurso autoritario, carente de base científica, que por prejuicios y creencias selecciona arbitrariamente a un grupo de personas y los categoriza como ellos (enemigo/satanás /terrorista/criminal).

Ese grupo puede tratarse de una etnia, religión, orientación política, o más difuso: un grupo etario (jóvenes pobres), género, etc., que se transforman en el chivo expiatorio, a quienes por “causalidad mágica” se les atribuye todos los males que la sociedad debe eliminar para vivir tranquila .

Asimismo debe existir un estado de policía en el territorio donde se practicará la masacre y la sociedad debe encontrarse con conflictos (sociales, económicos, de insatisfacción permanente, carencias, entre otros) que le produzcan angustia, aislamientos, miedos para que abone este discurso y se consolide una realidad paranoide de generación de chivos expiatorios.  

En este punto, es interesante traer a colación las reflexiones del director cuando habla en su película de cómo fue formado aquél soldado, que se trató de un suplente más, preparado para salir a matar palestinos y que la sociedad consiente tomándolo como un modelo de joven ejemplar.  

Cabe aclarar que en ninguno de los casos, ni en la película ni en el libro mencionado, se exime a las personas de sus acciones, sino que se analiza el contexto social y las causas que lo producen a modo de entender si es posible evitar las masacres.

Así Zaffaroni menciona la cantidad interminable de cadáveres que dejan hoy en día las masacres en el mundo,  la pasividad de la sociedad frente a estos hechos y la creciente consolidación del discurso autoritario en el mundo, de modo que su visión sobre el destino de la humanidad es desolador.


Sin embargo no abandona el optimismo, sostiene que los muertos hablan y por ende, para este autor, el cambio es posible a través de la política, con la Criminología Cautelar como herramienta para analizar la realidad y proponer soluciones y con la participación activa de los artistas, que con todo esto se puede prevenir masacres y transformar la humanidad en una sociedad solidaria.

¡Gracias Mograbi!

Referencias

- Z32 (2008) un documental de Avid Mograbi.
-Entrevista a Avid Mograbi, Pagina 12, Cultura y Espectáculos, 25.10.2008
-Entrevista con el documentalista israelí Avi Mograbi, director de Z32. Alejandro Pedregal, Revista Pueblos nº 35 –diciembre de 2008.
http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1513
-La palabra de los muertos, Conferencias de Criminología Cautelar, Eugenio Raúl Zaffaroni, Editorial Ediar, 2011.
Publicado en la revista digital Peiper Clab http://issuu.com/danoavin/docs/peiper_clab_3

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